Salimos del hotel a las 9:00a.m. en autobus hacia el noroeste, para la ciudad de San Isidro y de allí a Tigre y la región del delta.
Pasamos por Olivos y la residencia de los presidentes de Argentina, con su propia estación de tren. De allí la presidenta viaja cada día en helicóptero hacia Buenos Aires y la Casa Rosada.
San Isidro es una zona histórica, con calles de piedra, casas bonitas y un clima envidiable. La temperatura del día fue perfeca y entre la catedral y las casas de San Isidro disfrutamos de la primavera, con las flores y todos los retoños de los arboles.
Hicimos una parada en un centro comercial en la estación del tren donde comimos helados (todo el mundo probó el de dulce de leche granizado, recomendado por Cintia) e hicimos algunas compras. Después seguimos a Tigre donde nos embarcamos en una lancha para un paseo en el delta, alrededor de algunas de las islas cercanas. Solo una de las islas está conectada a tierra continental por puente. En las demás dependen de lanchas para las entregas del supermercado y del correo, la recolección de basura y el transporte escolar. No tienen servicio de agua en las islas y aunque el guía insistió que el agua marrón del río no está contaminada, y que se usa (hervida y filtrada) para cocinar y limpiar, y que él nada en el río (con la boca cerrada), ninguno de nuestro grupo tenía ganas de bañarse. Pero sí disfrutamos el paseo, el café y alfajor que nos brindaron.
Regresamos a Buenos Aires y a La Recoleta, donde visitamos la iglesia de Nuestra Señora del Pilar y almorzamos en la terraza del Ristorante Primafila en el Design Center. Almorzamos, y almorzamos - hasta las 5:00 de la tarde. Todo el mundo estaba de acuerdo que fue el mejor almuerzo del viaje, que es mucho que decir. Dimos un paso rápido por el Alvear y Tealosophy para comprar unos tés y después regresamos al hotel a bañarnos y ir corriendo a la clase de tango. Estamos progresando, pero excepto por Camelia y Gonzalo, quienes han tomado otras clases en una academia, todavía no estamos listos para una presentación, ni siquiera para bailar en público.
Terminamos el día en el Café Tortoni, tomando cidra chopp (de sifón) y compartiendo una muestra de la famosa Merengada.
Mañana la fiesta gaucha en una estancia.
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